Emprendedor, ¿dónde has dejado tu pasión?

Todo proyecto emprendedor empieza (o debería empezar) en la pasión del emprendedor. ¿Por qué? Simplemente porque emprender implica una aventura ardua con muchos contratiempos, una lucha diaria en la que nos caemos y levantamos una y otra vez. Y si no hacemos algo que nos apasione, la primera tempestad se llevará nuestras buenas intenciones. El desgaste será progresivo y no sabremos de dónde sacar fuerzas para continuar con nuestras ideas.

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Y esto, que parece una tontería es algo clave. Y se olvida. En cuanto llega el día a día, olvidamos lo que nos apasiona. Olvidamos que la decisión de emprender empezaba en nuestros sueños. Olvidamos el «para qué». Nos movemos desesperadamente como si eso fuera ayudarnos. Tomamos más café. Agitamos más la agenda. Vamos a más reuniones. Pillamos trabajo: el que sea, como sea, cuando sea. Y de pronto, cuando nos damos cuenta, aparecemos en unos proyectos que nada tienen que ver con nuestros deseos.

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Pocos se preguntan qué hago aquí y es que para ese momento las cadenas son gordas. Y la mayoría de veces, el problema sigue sin resolver. La falta de dinero y de tiempo siguen ahí como testigos molestos de que hemos abandonado «la pasión» y poco hemos ganado a cambio. Los agobios son los mismos y hemos perdido el camino. Nuestro camino.

Moraleja: Si estás embarcado en un proyecto emprendedor, no dejes que el día a día se coma tus sueños. Pon «tu pasión» en un post-it bien a la vista y léela cada mañana. Ésa es tu brújula.

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