Contactos, contactos, contactos

Vivimos en una sociedad de “vergonzosos”. Pedir un favor es toda una complicación. Y los temores pueden volverse extremos y paralizantes cuando el favor es “un contacto”. Sí, un contacto. Como oyes. Pero deja que te pongamos en situación…

Tú quieres llegar a ese “perfil” que hace días buscas: el gerente de una empresa, el técnico de una asociación o el referente en una metodología de trabajo. Quieres conseguir una reunión, un café o un correo-cruzado con él y, para eso necesitas “un algo” que te permita y facilite ese primer paso.

Sabes que tu colega puede ser el nexo que andabas buscando. El que tiene la llave para abrirte la puerta. El “algo”. ¡Qué sencillo sería! Pero… ¿cómo poner en ese compromiso a tu colega y pedirle que te presente a ese “perfil deseado”? Lo piensas y lo descartas rápidamente. Tú no vas a pedir ese favor. Es un gran favor: desmesurado y exagerado. Molesto e incómodo. Porque tú tampoco lo harías por tu colega… ¿o si? 

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Hasta aquí la situación “imaginaria”. ¿Te suena? Ahora te invitamos a reflexionar sobre esto…

¿Qué tan tremendo puede ser para un colega pasarte un contacto? No le estamos pidiendo un aval para un crédito, tampoco que se case por compromiso. Simplemente le estamos pidiendo un número de teléfono, una dirección de correo, una pequeña ayuda. El resto depende de nosotros. De nuestra capacidad para convertir ese contacto en una reunión y la reunión en un proyecto y…

No parece tan complicado, ¿no? Pues puede que el problema derive de un matiz que se nos escapa. El que muestra que hay una diferencia entre facilitar un contacto y recomendar a alguien:

  • Dar un contacto es abrir una puerta que, los interesados en cuestión, ya verán cómo gestionar.
  • Recomendar a alguien sí implica “mojarse” y poner una firma en el cheque.

Si somos capaces de entender este matiz, nos será más fácil pedir este tipo de favores y… también hacerlos. Y esto no es anecdótico. En el mundo de hoy, los contactos son vitales para cualquier negocio. La puerta fría funciona cada vez menos y peor. La confianza cotiza en alza y los lazos personales son vitales. 

Así que la próxima vez que alguien pueda facilitarte un contacto… ¡¿qué harás?!

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