Practicando feedbacking

Nos la pasamos diciendo que estamos en la era colaborativa: todo es «co». Y sin embargo, eso de pedir feedback (lamentablemente) sigue siendo una práctica limitada. Por miedo, por vergüenza o por desinterés, pasamos de preguntarle nada al otro. ¡¿Saber su opinión?! ¡¿Pa’ qué?! Mejor nos quedamos con la nuestra propia, la de toda la vida, la que hemos acariciado tantos días y noches. ¡¿Acaso no es nuestra propia opinión la importante?! ¡¿Para qué exponerme a que a alguien no le guste lo que estoy haciendo?! Y así, nos quedamos encerrados en el mundo de lo conocido.

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Esto lo vemos seguido. Muy seguido. Cada vez que impartimos un curso, nos ofrecemos (desinteresadamente) a seguir en contacto con nuestros alumnos y darles feedback sobre el trabajo que están haciendo pero pocas veces eso ocurre. Entonces, nos queda una reflexión en el aire: si vivimos en un mundo en el que «el que no llora no mama» y aprovechar las oportunidades que se nos presentan es de listos, ¡¿qué significa que casi nadie pida feedback?!

Si ya has respondido, espera, porque la cosa se pone aún más interesante. Y es que haberlos, haylos: algunos valientes piden feedback. Sin embargo, una vez que lo reciben, ¡callan! Ni si ni no ni blanco ni negro. Ni un gracias. Y todos vamos liados, sí pero la buena educación nunca debería faltar a la mesa. Y si alguien se toma el trabajo de darte feedback, como mínimo, deberías darle las gracias. E incluso… ¡¿por qué no aprovechar que siga el ida y vuelta?!

 

Ahora bien, no creas que estamos tratando «mal» a la gente. Solo queremos demostrar con unos pocos ejemplos de nuestro día a día, lo mucho que nos cuesta en España practicar feedbacking, lo poquísimo acostumbrados que estamos. Así que si te sientes tocado con esto que estamos diciendo, déjanos que te contemos nuestra experiencia con el «feedbacking».

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Nosotros somos adictos al feedbacking, pedimos opinión… ¡casi para todo! ¡¿A quiénes?! A nuestro «pequeño» consejo asesor: amigos, colegas y clientes, decenas de personas que nos acompañan y nos dan sus puntos de vista, sus sugerencias, sus críticas. Nos ayudan a reflexionar, nos ayudan a dudar, nos ayudan a abrir la mente… ¡nos ayudan a crecer! ¡Y a que nuestros sueños crezcan! Eso no tiene precio y hace que nuestra empresa sea más robusta, mucho más robusta. Mucho más abierta y… ¡mucho más inteligente!

Y tú dirás, «y entonces, ¿para qué se montan una empresa si deciden otros?» Amigo, ahí está el tema: pedir opinión no es darle al otro la responsabilidad de nuestras decisiones, solo es ampliar la mira. Decidir es indelegable.

Así que si aún no practicas feedbacking, te invitamos a que poco a poco te pongas a ello. No necesitas comprarte zapatillas ni contratar un personal trainer. Solo necesitas:

  • Identificar quién será tu consejo asesor. Puede ser más grande o pequeño. Elige el que sea y asegúrate de que te sentirás cómodo con él. Ojo, ¡anuncio para navegantes! ¡Nada de armar un consejo en el que solo haya gente que te haga la pelota!
  • Empezar, poco a poco, a pedir opiniones en temas que no sean muy sensibles para ti. Y es que esto es un deporte y hay que empezar precalentando.
  • Acostumbrarte a poner atención y escuchar «realmente» al otro, dejando el ego de lado.
  • Ver el efecto positivo del feedbacking en ti y en tu organización.
  • Ir aumentando la dosis: pedir opinión en temas más importantes para ti.

¡¿Te animas a practicarlo?!

Si quieres contarnos cómo te va con este deporte, ¡escríbenos a info@socialcooking.es!

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